Pareces un Charles Bukowski, deberías dejar de desilusionarte tanto, me decía. Pero... si, tienes razón. Dije de manera pausada y suspiré.
«¿Por qué la vida es tan complicada?» era lo único que me limitaba a pensar cada día. Trataba de entenderlo pero no conseguía lograrlo ni siquiera un poco.
Me desperté como de costumbre, tarde.
Estaba seca, en blanco, parecía como si me hubiesen lavado el cerebro mientras dormía; inexpresiva y agotada.
Vaya, no tengo ganas ni siquiera de pararme, el día está horrible y soy un desastre, mi cuarto es un desastre, mi cama es un desastre, mi vida es un desastre... No lo entiendo. Debería simplemente matarme. Siempre he pensado que morir sería una excelente opción, pero entre más lo pienso me da miedo y me arrepiento de haber pensado en ello. Todo me da miedo. Extraño mi yo de antes.
En fin, me paré de la cama, fui al baño y me lavé la cara para despejarme, me cepillé los dientes. Todo con la mirada directa y sin ánimo alguno, me sentía como un robot o algo parecido.
Desayuné, y mientras sonaba Asa Chang & Jung Ray de fondo, me quedé pensando que sería de mi el día de hoy.
Decidí salir -después de varias semanas transcurridas- pues me sentí de repente con ganas de tomar aire.
Me cambié, tomé mi mochila, unos lentes de sol y salí de casa. Comencé a caminar sin dirección alguna.
- Hey! Escuché a lo lejos.
Me quedé parada un momento pensando si debía voltear o seguir mi camino, pero me di cuenta que era alguien frente a mi quien me llamaba, así que no tuve más remedio. Sólo lo miré acercarse.
- Hey. Pensé que no me habías visto.
- De hecho no, sólo me quedé parada pensando, y de repente vi que venías. Dije, con una sonrisa un poco falsa.
- Ah. Ya veo. Y, ¿como estás? ¿A dónde vas? Si quieres te acompaño, no tengo nada que hacer, ya iba hacia mi casa. Hace mucho que no te veo salir.
Me sentí abrumada y suspiré.
- Si, hace mucho que no salgo, lo sé. Y no es necesario, tengo que ir a hacer unos mandados, de hecho tengo prisa, pero si quieres cuando regrese platicamos.
- Esta bien, no te quito más tiempo entonces, cuidate.
Lo dijo en un tono amable y desanimado. Me sentí mal. A veces creo que soy una mala persona. Quizá lo sea, quizá todos lo somos. Tal vez todos tenemos un lado demasiado oscuro, bueno, unos seguro lo tendrán más oscuro que otros. No me interesa, pensar en la gente me abruma. Incluso más que pensar en el tiempo.
Seguí caminando y llegué al centro, había mucha gente y mucho calor; las cosas que más me estresan. Pero ya que estaba allí no me quedaba más que continuar.
Entré a una tienda de antigüedades y me puse a inspeccionar el área de los libros, había uno llamado «Le petite lundi», me llamó mucho la atención, era un libro no muy grande de pasta dura y un color azul oscuro bastante brillante, el nombre venía escrito en letras doradas. Era hermoso. No parecía nada viejo, sin embargo las hojas ya estaban un poco amarillas y olía a que había sido olvidado por bastante tiempo.
Pregunté el precio y revisé mi cartera. Lo compré.
Salí de la tienda y caminé en busca de un lugar tranquilo. Encontré un largo y estrecho callejón lleno de árboles y muchas bancas donde pasar el rato; me senté debajo de uno que regalaba mucha sombra y me quedé observando a mi al rededor, en verdad era muy lindo allí.
Bajé la mirada y miré el libro, repasé las letras despacio con mis dedos. «Petite Lundi», dije en voz alta. Y me perdí en ese azul brillante.